Cría de lechuzas en una fábrica de cemento

19 Mayo 2021

LafargeHolcim España en colaboración con Brinzal.

Localización: fábrica de cemento de Villaluenga de la Sagra (Toledo).

 

¿Se pueden criar lechuzas en una fábrica de cemento? ¿Podemos colaborar en la conservación de esta especie desde una instalación industrial?

lechuza

La respuesta a estas dos preguntas es afirmativa gracias al convenio de colaboración entre la ONG Brinzal y LafargeHolcim mediante el cual llevamos a cabo actuaciones de fomento de fauna en nuestras instalaciones y canteras de Castilla-La Mancha.

En el caso de la fábrica de Villaluenga, mediante la técnica del hacking (o cría campestre) liberamos anualmente lechuzas comunes que encuentran en el entorno de la fábrica un lugar idóneo donde vivir, ya que se encuentra rodeada de cultivos de secano.

Los ejemplares que liberamos, año tras año, han nacido en cautividad, en el centro de recuperación de rapaces nocturnas de Brinzal. Proceden de parejas de lechuza que no han podido ser liberadas debido a la gravedad de las lesiones que tenían cuando ingresaron y que viven permanentemente en este centro. Los huevos son incubados artificialmente, y los pollos son criados por sus padres desde que nacen hasta los 28-40 días de vida, momento en el cual se trasladan a la caja nido en la fábrica de Villaluenga.

hacking lechuzas

Los pollos de lechuza desarrollan una especie de fijación por el lugar en el que crecen. Así, la caja nido en la fábrica pasa a ser como el lugar en que nacieron, donde, diariamente, los trabajadores de la fábrica les facilitan la alimentación.

Llegados los 70 días de edad, los pollos -ya completamente desarrollados- comienzan a volar y a conocer el entorno, aunque vuelven a la caja nido para comer. Progresivamente, los jóvenes aprenden a cazar por su cuenta y a valerse por si mismos.

Las lechuzas comunes son animales nocturnos, muy asociados a los asentamientos humanos y a la agricultura tradicional. Aunque su peso ronda los 300 gramos su envergadura es de casi un metro. Su alimentación está basada principalmente en pequeños roedores a los que detectan, fundamentalmente, a través del oído. La enorme cantidad de pequeños mamíferos que capturan a lo largo de un año las convierte en eficaces aliadas del agricultor.

Esta especie sufre una altísima mortalidad por atropello en carreteras, aunque su principal amenaza es la intensificación de la agricultura. La desaparición de linderos, el uso masivo de fitosanitarios, y la homogeneización de los cultivos limitan seriamente a las poblaciones de esta bella rapaz. Antaño muy común, a día de hoy está severamente amenazada en muchos lugares de España.

 

Este proyecto se ha realizado en colaboración con:

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